¿QUÉ MÁS PUEDE HACER LA DAIA PARA COMBATIR EL ANTISEMITISMO?

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La compleja historia de la relación de Argentina con sus ciudadanos judíos es conocida. En primer lugar, es sabido que el país concedió refugio a nazis fugitivos, incluido Adolf Eichmann, que en su momento fue secuestrado y trasladado a Israel para ser juzgado, contrariamente a la voluntad del gobierno. En aquel entonces vivían en Argentina más de 310000 judíos.

A partir de 1955, con la aparición del primer movimiento fascista y una junta de gobierno, más de 45 000 judíos inmigraron a Israel a raíz de la intensificación de los ataques antisemitas. Posteriormente, en la época de la dictadura (1976-1983) de un total de 30000 personas desaparecidas, 1900 eran judías, a pesar de que el porcentaje de la comunidad judía en la población era mucho menor. Los testimonios sobre las torturas y asesinatos que leí de aquella época son demasiado duros como para reproducirlos aquí.

Creo que el hito más trágico en la historia de la relación de Argentina con la comunidad judía lo representan los dos atentados terroristas perpetrados con coches-bombas en la década de los 90. El primero, en marzo 1992, en el edificio de la embajada de Israel en Buenos Aires, que dejó un saldo de 29 muertos. El segundo, en julio 1994, causó la muerte de 85 personas, y cientos de heridos en ambos ataques.

Sorprendentemente, ninguno de esos crímenes fue resuelto. Bajo el gobierno de la actual presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, Argentina decidió llevar una investigación conjunta con Irán. Sì, leyeron bien, Irán. Además, en septiembre 2014, en el marco de su discurso en la 69ª Asamblea de la ONU, Kirchner criticó a la comunidad judía por no apoyar el pacto con Irán.

En este contexto no sorprende que la encuesta del 2014 de la Liga Antidifamación Judía muestra que el 24% de las personas encuestadas en Argentina reflejaron posturas antisemitas.

La ola de antisemitismo que se registra actualmente en Argentina no parece ser tratada con la seriedad que merece. Recientemente una persona fue detenida en Buenos Aires bajo sospecha de haber planeado un ataque a la sede de la Sociedad Hebraica Argentina. Pintadas grafiti antisemitas con la leyenda: “Haga patria, mate a un judío” no despertaron más que indiferencia, a pesar de que los incidentes antisemitas se duplicaron en el último año.

No es cuestión de criticar a la DAIA. La organización no escatimó en esfuerzos para cambiar el estatus quo en lo que atañe a la respuesta del gobierno argentino. En noviembre, en la presentación del informe anual sobre antisemitismo en la universidad de Buenos Aires, el vicepresidente en ejercicio de la presidencia de la institución, Waldo Wolff, afirmó: “Muchas veces nosotros no elegimos lo que nos pasa, pero sí podemos elegir qué hacer con lo que nos pasa”.

Argentina sobrelleva un problema de antisemitismo muy arraigado por lo que, a pesar de que la organización es admirablemente activa, los desafíos que debe afrontar son muy grandes.

Posiblemente, ya hayan entendido que así son las cosas y si es así, no me queda sino aplaudirlos, pero la sensación que me da es que llegó la hora de que la DAIA adopte una actitud más creativa en la lucha contra el antisemitismo. Ahora es el momento para elaborar y utilizar nuevas herramientas para educar a la comunidad y transformar la realidad.

Por ejemplo, en Paraná, alumnos de escuelas que no pertenecen a la comunidad judía, en colaboración con la DAIA y el gobierno municipal, cubrieron grafitis antisemitas con creaciones propias de los niños.

Como ven, a veces hay buenas noticias.

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How Will The Delegation of Argentine Jewish Associations​ Evolve to Fight Antisemitism?

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Argentina is known to have a tremendously complicated history with its Jewish citizens. Infamous as a former-Nazi haven, Argentina welcomed a significant number of fugitive Nazis, including Adolf Eichmann- who was eventually taken to Israel to face trial, against Argentine wishes. All the while, there were more than 310,000 Jews living in the Latin American nation.

After 1955, with the rise of first a fascist movement and then a junta government, more than 45,000 Jews immigrated to Israel due to intensified anti-Semitic attacks. The reports I read through of torture and disappearances were too horrifying for words.

I think that the most disturbing and poignant point in Argentina’s Jewish history came in the 1990s. First with March 1992 bombing of the Israeli Embassy, which killed 29 people. Then the July 1994 bombing of the Jewish community center (AMIA) in Buenos Aires, which killed 85 people and wounded more than 200. Strikingly, neither of these attacks were resolved. Under the current president, Cristina Fernández de Kirchner, Argentina decided to conduct a “joint probe” of the AMIA bombing with Iran. Yes, Iran. Kirchner then criticized the Jewish community for not supporting the pact with Iran.

No it comes as little surprise to find that The Anti-Defamation League has given Argentina a 24% anti-Semitic index rating in their 2014 poll.

In the wake of Argentina’s history, it doesn’t seem that the recent rash of anti-Semitism is treated with the gravity it deserves. Only recently an Argentinian man was arrested in Buenos Aires under suspect that he was planning to attacks the Jewish Center. Rashes of anti-Semitic graffiti calling to kill Jews has been met with general disregard. In fact, anti-Semitic incidents more than doubled in 2014.

I won’t fault the Delegation of Argentine Jewish Associations (DAIA). They have made considerable efforts to change the status quo of Argentine governmental response. In November the group presented their annual report on anti-Semitism, which called for vigilance and had a special focus of graffiti. But Argentina has a deeply rooted anti-Semitism problem, and though the group is admirably active, the climate they work in is rather difficult.

Perhaps they already understand this –and if so, I applaud them- but the time has come for DAIA to take a more creative approach in the fight against anti-Semitism. Now is the time to formulate and use new tools to influence and educate the community.

For example, Paraná, “Argentine students from four non-Jewish schools joined forces with the local Jewish community, the national political Jewish umbrella and the municipal government to paint over anti-Semitic graffiti.”

Not all news is bad news.